Primero fue una mujer religiosa que ingresó al negocio a pedirle que sacara el maniquí. Al negarse la dueña fue atacada por esta persona.
Posteriormente recibió otras amenazas hasta que esta semana se encontró con la vidriera pintada. Su mayor temor es que le quemen el local.
No quiere intimidarse, dice la dueña que está en todo su derecho de vestirse y de vender la ropa que le gusta.
Las autoridades se mantienen al margen, ya que la fuerza política de este sector es enorme, y les temen.
Este no es un fenómeno nuevo, es algo que viene sucediendo en el último tiempo, en distintos lugares del país. Varios productos tuvieron que modificar sus envases, ya sea eliminando las figuras femeninas o vistiéndolas de tal manera que no ofenda la sensibilidad de los ortodoxos.
Cada vez toman más y más fuerza, mientras un público absorto y desarmado intenta frenarlos, sin lograrlo.
Nota publicada en Mako
Traducción libre Gabriela Szuster

Tienen el cerebro podrido!
ResponderEliminarY claro que son peligrosos!!!