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| Sheldon Adelson |
Esta semana, el candidato a la nominación presidencial del Partido
Republicano de EE.UU, el ultraderechista del Tea Party Newt Gingrich, repitió como un loro el slogan de su
patrón, el multimillonario Sheldon Adelson: «Los palestinos son
un pueblo inventado».
Inventados o no, siempre que hablamos de la ideología de Binyamín Netanyahu, es muy difícil olvidar que su carrera política estuvo y está financiada por el mismo «dueño» de Gingrich, «su majestad» Sheldon Adelson.
Es más que interesante saber quién es y qué ideas mueven a este señor.
Adelson encaja perfectamente en el prototipo del «self-made man» norteamericano. Judío ultraderechista, neoconservador, propietario de casinos y hoteles en todo el mundo y casado con Miriam, una psiquiatra israelí especializada en tratamientos avanzados de desintoxicación de drogas.
Inventados o no, siempre que hablamos de la ideología de Binyamín Netanyahu, es muy difícil olvidar que su carrera política estuvo y está financiada por el mismo «dueño» de Gingrich, «su majestad» Sheldon Adelson.
Es más que interesante saber quién es y qué ideas mueven a este señor.
Adelson encaja perfectamente en el prototipo del «self-made man» norteamericano. Judío ultraderechista, neoconservador, propietario de casinos y hoteles en todo el mundo y casado con Miriam, una psiquiatra israelí especializada en tratamientos avanzados de desintoxicación de drogas.
Hijo de inmigrantes ucranianos, Adelson se crió en una pequeña vivienda en
Boston. Pese a que nunca pisó una universidad, su olfato empresarial dio la
cara a los 16 años. Mientras sus amigos practicaban deportes o aprendían idiomas,
él repartía diarios por las madrugadas y rellenaba máquinas expendedoras después de la escuela. Con estos trabajos hizo sus primeros dólares antes de
alistarse al ejército. Cuando se liberó, montó con su hermano un negocio de
venta de artículos de tocador para hoteles, además de comercializar un spray
anticongelante para automóviles.
Su salto a la fortuna llegó en Las Vegas cuando creó una feria enfocada a
la electrónica comercial que, en su máximo apogeo, llegó a atraer a
200.000 asistentes. Adelson traspasó el negocio pero se quedó con una firme
convicción: Las Vegas era la ciudad del juego, pero también podía ser un lugar
ideal para grandes convenciones profesionales.
Su siguiente movida fue comprar un decrépito hotel sobre cuyas bases construyó un gigantesco centro de convenciones cuyo éxito inmediato le permitió adquirir otros dos hoteles de alta jerarquía.
Su siguiente movida fue comprar un decrépito hotel sobre cuyas bases construyó un gigantesco centro de convenciones cuyo éxito inmediato le permitió adquirir otros dos hoteles de alta jerarquía.
Algunas de las más duras batallas de Adelson se libraron en el campo
sindical. Cuando inauguró uno de sus hoteles, se jactó de poseer el único
casino de la ciudad con trabajadores no afiliados. Desde entonces contó con la
oposición de todos sindicatos hoteleros de la ciudad, apenas 226, hasta el
punto de que el Partido Demócrata sugirió llevar a cabo un boicot a todos sus
negocios para que sus empleados obtuviesen garantías laborales.
Obsesionado con la seguridad de EE.UU y la primacía de Israel, Adelson donó
cerca de 30 millones de dólares al Partido Republicano y a diversos lobbies
sionistas. Su lucha denodada por la victoria conservadora en las presidenciales
- que finalmente ganó Obama - hizo pensar que el futuro de su carrera pasaba
más por los pasillos del Congreso que por los de Wall Street. No obstante, se
aferró a su pragmatismo y se dedicó a influir desde cerca tanto en la política
norteamericana como en la israelí.
Sus contribuciones a la causa judía son cuantiosas. Por mencionar algunas: donó
25 millones de dólares a Yad Vashem, el Museo Memorial del Holocausto, además
de otros 100 millones para «Birthright», un proyecto de viajes cortos a Israel para jóvenes judíos que nunca
estuvieron allí y que tiene como fin reforzar su sentimiento de pertenencia.
Más polémica es su posición respecto al conflicto entre israelíes y palestinos: ni dos Estados ni solución dialogada para el pueblo palestino, al que considera simplemente un «invento de los medios de comunicación». Estas, y otras más pesadas, son las ideas que propaga todos los días desde Israel Hayom, el diario gratuito de mayor tirada en Israel del cual es dueño y que se distingue por su incondicional apoyo a Netanyahu y a la línea ultraderechista.
Es a este distinguido señor, no a nosotros, a quien Bibi debe rendir cuentas al final para seguir sentado donde está.
Quienes apoyan una solución al conflicto con los palestinos basada en dos Estados y quienes dirigen las protestas de los indignados que reclaman justicia social, deben mostrarse muy preocupados.
Fuente: www.israelenlinea.com
Más polémica es su posición respecto al conflicto entre israelíes y palestinos: ni dos Estados ni solución dialogada para el pueblo palestino, al que considera simplemente un «invento de los medios de comunicación». Estas, y otras más pesadas, son las ideas que propaga todos los días desde Israel Hayom, el diario gratuito de mayor tirada en Israel del cual es dueño y que se distingue por su incondicional apoyo a Netanyahu y a la línea ultraderechista.
Es a este distinguido señor, no a nosotros, a quien Bibi debe rendir cuentas al final para seguir sentado donde está.
Quienes apoyan una solución al conflicto con los palestinos basada en dos Estados y quienes dirigen las protestas de los indignados que reclaman justicia social, deben mostrarse muy preocupados.
Fuente: www.israelenlinea.com

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