Eva Sandler, abrazada en el funeral en Jerusalén.
El lunes por la mañana, Eva iniciaba una nueva semana en la ciudad sureña de Toulouse. Su marido, el joven profesor y rabino Jonathan Sandler se había ido ya al colegio judío Ozar Hatorah situado a pocos metros de su casa. Con él, sus dos hijos Arieh (6) y Gabriel (3). Ella se quedó con su pequeña Liora (dos). Según sus cálculos, en un mes daría a luz.
Hasta los disparos de esa mañana, la joven parecía vivir en un mundo que había soñado desde que se casó con Jonathan en Paris hace siete años. Un mundo basado en su familia y la Torá. Tras varios años en Francia, se trasladaron a Jerusalén donde él estudió en un centro religioso dedicado a la formación de rabinos enviados a las comunidades judías de todo el mundo. En verano, decidieron volver a Francia para que Jonathan completara su sueño de convertirse en profesor de la escuela donde había estudiado de niño en Toulouse. "Siempre lo dio todo por el estudio de la Tora", afirma Eva.
Los que la conocen de sus años en Jerusalén inciden en señalar que la etapa francesa no debía durar más de tres años. El objetivo, dicen, era regresar a Israel. Era la condición de esta mujer con doble pasaporte. "Mi marido volvió a Francia sólo para ayudar a los niños con problemas para que conozcan mejor la Torá. Lo hizo con todo el corazón", comentó anoche, según cita el diario 'Yediot Ajaronot'.
Aunque su hogar ha sido destrozado, Eva no está sola. Tiene el refugio de una familia conocida y respetada en la potente comunidad judía de Paris. En segundo lugar, sus amigos de Jerusalén y Toulouse, mayormente ultraortodoxos, prometen no dejarla ni un instante.
Como se ha visto este miércoles en el funeral, la representación francesa en Israel es importante y no sólo se exhibe en verano cuando miles de turistas judíos de Francia invaden las playas de Tel Aviv y Eilat.
Aunque no tiene casi fuerzas, su padre Victor Elul, intenta animarla asumiendo que en pocos minutos ella vio cómo su sueño se convirtió en sangrienta pesadilla. "No sabemos cómo tirará adelante. Intentamos ayudarla en lo que sea para que no se rompa", afirma en Jerusalén. Reconoce que "el dolor es grande y no se puede describir pero lo afrontamos reforzando la fe. Dios concedió y Dios quitó".
Tras la Shiva (los siete días de recogimiento que establece el judaísmo nada más finalizar el entierro) Eva tiene previsto viajar a Paris donde estará en casa de sus padres. Allí en el calor de la familia que aún le queda y lejos de la escena del crimen de Toulouse recordará los paseos nocturnos en la ciudad vieja de Jerusalén o el emblemático jardín de su barrio, de Kiriat Yovel.
¿Mohamed Merah? Ella no quiere o puede hablar. De momento. Su padre sí lo hace en un mensaje lleno de dolor y conciencia de que pase lo que pase en Toulouse, Evano no recuperará a su marido y dos hijos. "Ojalá detengan al asesino pero no porque queremos venganza sino... porque puede provocar más matanzas", dice Elul que en un mes volverá a ser abuelo.
“Aún no me creo que sea posible este crimen. Espero despertarme de esta pesadilla. Me cuesta mucho hablar. No sé cómo podré seguir adelante”, lamentaba anoche Eva Sandler entre sollozos y a varios kilómetros del cementerio donde descansan su marido y dos hijos.
FUENTE: elmundo.es
Hasta los disparos de esa mañana, la joven parecía vivir en un mundo que había soñado desde que se casó con Jonathan en Paris hace siete años. Un mundo basado en su familia y la Torá. Tras varios años en Francia, se trasladaron a Jerusalén donde él estudió en un centro religioso dedicado a la formación de rabinos enviados a las comunidades judías de todo el mundo. En verano, decidieron volver a Francia para que Jonathan completara su sueño de convertirse en profesor de la escuela donde había estudiado de niño en Toulouse. "Siempre lo dio todo por el estudio de la Tora", afirma Eva.
Los que la conocen de sus años en Jerusalén inciden en señalar que la etapa francesa no debía durar más de tres años. El objetivo, dicen, era regresar a Israel. Era la condición de esta mujer con doble pasaporte. "Mi marido volvió a Francia sólo para ayudar a los niños con problemas para que conozcan mejor la Torá. Lo hizo con todo el corazón", comentó anoche, según cita el diario 'Yediot Ajaronot'.
Aunque su hogar ha sido destrozado, Eva no está sola. Tiene el refugio de una familia conocida y respetada en la potente comunidad judía de Paris. En segundo lugar, sus amigos de Jerusalén y Toulouse, mayormente ultraortodoxos, prometen no dejarla ni un instante.
Como se ha visto este miércoles en el funeral, la representación francesa en Israel es importante y no sólo se exhibe en verano cuando miles de turistas judíos de Francia invaden las playas de Tel Aviv y Eilat.
Aunque no tiene casi fuerzas, su padre Victor Elul, intenta animarla asumiendo que en pocos minutos ella vio cómo su sueño se convirtió en sangrienta pesadilla. "No sabemos cómo tirará adelante. Intentamos ayudarla en lo que sea para que no se rompa", afirma en Jerusalén. Reconoce que "el dolor es grande y no se puede describir pero lo afrontamos reforzando la fe. Dios concedió y Dios quitó".
Tras la Shiva (los siete días de recogimiento que establece el judaísmo nada más finalizar el entierro) Eva tiene previsto viajar a Paris donde estará en casa de sus padres. Allí en el calor de la familia que aún le queda y lejos de la escena del crimen de Toulouse recordará los paseos nocturnos en la ciudad vieja de Jerusalén o el emblemático jardín de su barrio, de Kiriat Yovel.
¿Mohamed Merah? Ella no quiere o puede hablar. De momento. Su padre sí lo hace en un mensaje lleno de dolor y conciencia de que pase lo que pase en Toulouse, Evano no recuperará a su marido y dos hijos. "Ojalá detengan al asesino pero no porque queremos venganza sino... porque puede provocar más matanzas", dice Elul que en un mes volverá a ser abuelo.
“Aún no me creo que sea posible este crimen. Espero despertarme de esta pesadilla. Me cuesta mucho hablar. No sé cómo podré seguir adelante”, lamentaba anoche Eva Sandler entre sollozos y a varios kilómetros del cementerio donde descansan su marido y dos hijos.
FUENTE: elmundo.es
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