No es una película. No es un
sueño. No puedo levantarme cuando termina la función, ni despertarme. Es la
realidad, casi surrealista, increíble. Sólo quien la vive en carne propia puede entender de que
se trata. Vivimos estos últimos días a merced de alarmas que nos hacen saltar
como resortes para correr a buscar refugio, en cualquier momento del día o de
la noche. Mientras descansamos, dormimos, nos bañamos, charlamos, trabajamos, intentando
vivir normalmente. Es imposible, la tensión se apodera de nuestro cuerpo,
reaccionando ante cualquier ruido, atento a cualquier sonido, pendientes,
alertas...
No es fácil, no es posible
acostumbrarse. Habrá quienes lo toman con más calma, si, pero ¿acostumbrarse? No
estamos hechos para esto, para vivir en amenaza constante, pendientes de las
noticias, contando cuantos misiles cayeron, durmiendo con un ojo abierto para
no dejar de escuchar la alarma, tensionados, expectantes…
Chicos que no pueden ir a la
escuela, ver a sus amigos, estudiar normalmente. ¿Qué es todo esto? Tanta
locura…
No es una película, ni un
sueño. Es la realidad del sur de Israel, una realidad que nadie quiere vivir.

No, es imposible acostumbrarse a vivir así. Ni con un sistema anti-misiles.
ResponderEliminarMi solidaridad con los que estáis pasando por esta situación.
Un cordial saludo.