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27 dic 2011

Consumo – Yair Nitzani

Yair Nitzani
La situación económica neblinosa y  el reclamo social hicieron lo suyo. Y de común acuerdo con mi esposa llegué a la conclusión que es el tiempo de actuar. El slogan “comprar inteligentemente” siempre me dio curiosidad, y ya que somos personas abiertas a nuevas ideas (esta semana por ejemplo, comí hamburguesa de lentejas, que les digo…) decidimos dejar de hacer las compras en el supermercado del barrio y trasladarnos a uno de los grandes centros de la periferia. Se trata de un hangar con un techo especialmente alto, acústica de aeropuerto, una variedad impresionante de productos y  un truco: al lado de los pollos venden también I phone!!! Esos lugares que se publicitan “el más barato que hay”, “un cuarto por un shequel” “el dueño se volvió loco” o “te pagamos, sólo comprá”, para no caer en la trampa de la gran oferta de productos, preparamos una lista. Nos miramos a los ojos y nos  prometimos uno al otro comprar sólo lo que allí figura.
Ya en la entrada tuvimos un contratiempo inesperado. No teníamos cinco shequels para el changuito, y el guardia nos mandó a cambiar a la caja. Me amargué pero pronto me recuperé. Es comprensible me dije, ellos seguro que me descubrieron y saben que soy un ladrón de changuitos compulsivo, y que tengo en el patio una flota de 70 changos, en el caso que decida algún día abrir un minimercado. Y así, sin haber ingresado aún aparecieron las primeras grietas en la confianza entre el lugar y yo.
Para motivarme, me mandó mi esposa a comprar yogurt de cabra. Me paré frente a la inmensa heladera y me mareé. Había 8 tipos de yogurt de cabra. Traté de comparar precios pero el número de mililitros en cada envase era diferente y en un frío de 0 grados me costaba pensar. Mi nariz se congeló y parecía un payaso. De repente se me acercó una promotora de la empresa “delicias de la galletita” y me convidó una galletita con gusto a cebolla, queso y ajo. Me comí unas cuantas y enseguida sentí compasión por la promotora que me puso cara de “salario mínimo”. Por eso hay diferencias sociales, pensé. Me llevé un paquete de galletitas y a mi esposa le mentí diciéndole que se había terminado el yogur. “Devolvé eso, no esta en la lista” se enojó. Mientras tanto, la promotora había desaparecido, así que puse las galletitas al lado de las maquinitas de afeitar. ¿Por que? Una hora manejando hasta acá, también ¿tengo que ordenar?
En la sección de perfumería y limpieza me quebré. Compré 6 botellas de líquido para limpiar alfombras y dos set de champúes y acondicionadores con gel para el cabello. ¡Todo en oferta! Sentí que el precio era tan bueno que hacía insignificante el hecho que en casa no tenemos alfombras y yo no tengo pelo. Un locutor que no consiguió trabajo en la radio local anunció por parlante que los primeros cinco clientes que lleguen a la sección de pescado recibirán un salmón gratis comprando 5 kg. de pescado. Yo odio el pescado pero con ese precio no hay opción, empezaremos a comer. Y compré.
 La larga espera para comprar fiambre la aproveché para hacer sociales. Yo y mis nuevos amigos, 162, 169  y un muchacho alto que se puso de sobrenombre “quien es el ultimo?”, esperamos pacientemente a Svetlana que nos cortaba sus quesos. Para no aburrirnos calculamos los porcentajes de grasa de los quesos.
A mi esposa la encontré un cuarto de hora después eligiendo facturas en la sección de panadería. Nos abrazamos largo rato. Después de todo pasó mucho tiempo. Sentí de ella calidez, pero era de los hornos de las baguettes. Miró las compras que hice y me dijo que valora el esfuerzo pero que no necesitamos toallitas para bebes con un chupete gratis, porque las nenas ya están por terminar el ejercito.
Fuimos a las cajas, como todo israelí, busque la fila más corta. Mi mujer me explicó que el largo de la fila no significa nada, lo importante es identificar a las cajeras rápidas. Apostamos a una cajera que parecía rápida y nos paramos ahi. Pasó fácil una hora. De tanto esperar al lado de la caja, compre pilas en oferta, un destornillador, maníes americanos, y un paquete de "bamba" gigante asi lo tengo para el cumpleaños de las más chica en mayo del año que viene. Esta zona al lado de las cajas es el triángulo de las Bermundas del super.
En el camino de regreso tuvimos un embotellamiento de 50 minutos, saque la cuenta de la nafta y la babysitter y note que perdimos plata con la compra. Cuando llegamos a casa el helado estaba derretido. Mi esposa me dijo que es un placer hacer compras conmigo porque ahorramos 3 shequels.
Publicado por Israel Hayom- Traducido por Gabriela Szuster

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