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| Yair Nitzani |
Tienen razón los que dicen que hay que frenar el fenómeno de exclusión de mujeres en los autobuses. Una investigación pequeña que realicé mostró que cuanto más ortodoxo es el barrio, más crueles son con las mujeres. En los barrios tradicionalistas está prohibido que la mujer se siente al lado de un hombre. En zonas religiosas ellas se sientan atrás, y en los barrios muy recatados, las mujeres se sientan en los techos de los autobuses o son ingresadas al compartimiento del equipaje junto con las valijas. En los barrios ultra santos puede el conductor sacar un arma y dispararle a toda mujer que intenta subir al autobus. Es chocante pero asi fue aceptado siempre, y con razón.
Esto en los autobuses, pero piensen en los pobrecitos esos que no escuchan una mujer cantar, por Dios, muchachos, ustedes se lo pierden. Cuando una de mis hijas canta, por ejemplo, no hay una persona más feliz que yo. Tambien cuando mi esposa canta me hace bien, aunque sea la "canción del tonot" y está dedicada a mi.
A la noche soñe un sueño raro. Subí a un autobús a Jerusalem , pero como en el viaje cante una canción de Dana Internacional se produjo una discusión sobre donde debo sentarme, adelante? atrás? Al final me sente en el medio, en la mitad del colectivo, sobre el acordeón. Las mujeres estaban sentadas atrás y cantaban, los hombres rezaban, y Ioram Gaon les ponía notas. El conductor escuchaba, y sobre el techo viajaban terroristas liberados, resabio del acuerdo Shalit, que con unos muchachos tiraban piedras a los soldados.
Me desperte con un sudor frío y comprendí que estaba en el autobus equivocado.
Publicado en Israel Hayom- Traducido por Gabriela Szuster

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