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20 abr 2013

Los niños de la disputa por Smadar Shir


Este tipo de historias, no por repetidas, dejan de doler, dejándonos con la tristeza en el alma y un sabor de impotencia. En la mayoría de los casos los hijos deben pagar por los errores de los padres, por su egoísmo, incompetencia, o adicciones, convirtiéndolos en trofeos, desestimando sus sentimientos y el dolor que les causan.

Pareciera un drama de Hollywood, con una familia desintegrada. Hace un año Dorit (nombre falso) tomó a sus dos hijos pequeños y vino a Israel. Según ella vino desde un Centro de mujeres golpeadas donde estaba escondida., tras la recomendación de la abogada del mismo centro:
"Agarrá a los chicos, escapáte de acá y empezá a vivir".
Tampoco en el kibutz donde alquiló una casa encontró la paz deseada. Su pareja holandesa adujo que secuestró a los hijos y exigió su devolución a Holanda de acuerdo a la Convención de La Haya. Los tribunales de familia israelíes aceptaron la demanda y determinaron que los menores deben regresar a Holanda. En una segunda resolución judicial, a raíz de la apelación de la madre, determinaron que sólo el hijo mayor, de cuatro años y medio debe regresar a Holanda tambien según la Convención de la Haya. El hijo menor, de tres años, puede quedarse en Israel, ya que su padre no reconoció la tutela y no lo anotó como su hijo en el Ministerio del Interior holandés. Esta sentencia dejó a la madre, y también al padre, confundidos: Significa separar a dos hermanos. La semana que viene se enfrenta Dorit a la batalla final frente a los Tribunales en Jerusalem.
"¿Cómo puede separarse a dos hermanos que crecieron juntos?" pregunta la madre.
"¿Y cómo esperan que renuncie a uno de ellos?” Los tribunales me dijeron que si quiero evitar el daño que esta decisión puede causarles me invitan a regresar con ambos a Holanda, a pesar de no tener permiso de residencia, permiso de trabajo y nada por lo que volver".

El abogado Shmuel Morán, especialista en leyes de Familia, explica que " Se trata de un caso muy complejo, el primero en su tipo en el país. Israel firmó el Acuerdo de la Haya internacional, que estipula que los menores que fueron trasladados de un país a otro sin permiso de los Tribunales o el acuerdo del otro padre tienen que retornar al país de residencia. Es un acuerdo técnico, y categórico, de blanco o negro, y tiene excepciones mínimas. Se tienen en cuenta la capacidad paterna, incluso casos de violencia, que no son aplicables en este caso".

Según Morán las opciones de Dorit son tres: "Dejar al hijo de tres años en Israel y regresar con el de cuatro y medio a Holanda, despedirse del hijo mayor y mandarlo de regreso a Holanda solo, o regresar a Holanda con los dos hijos a una realidad muy dura, no tengo duda que los tribunales holandeses la castigarán por secuestro y existe una gran posibilidad que le quiten la tenencia de uno o incluso de ambos".
" No pienso separarme de mis hijos" dice Dorit, " Cuando los Tribunales israelíes den una sentencia deben comprender que si me obligan a regresar a Holanda, la próxima vez que regrese a Israel será en un cajón" "No sé que voy a hacer, no tengo la más mínima idea".

La impotencia que siente hoy Dorit no la caracteriza. Tiene 29 años y nació en un "moshav" en el centro del país. Su vocación era convertirse en entrenadora de caballos e instructora de montar. "Encontré en Internet dos escuelas, una en Inglaterra y la otra en Holanda. En ambos el programa era de cuatro años de estudio y elegí Holanda, ya que está clasificado como internacional y prometía estudio en inglés.  A los 18 años fui. Después de llegar descubrí que las clases eran en holandés, ese fue mi primer golpe. Sentada en las clases de Anatomía, Biología y Biomecánica no entendí una palabra, pero no me di por vencida, compré un diccionario y traduje el material.
El segundo golpe fue, que si bien los holandeses son conocidos como amables y que quieren a los judíos, la primera palabra que aprendí fue Buitenlands que significa "extranjera".

En el último año de estudios se cayó del caballo, se fisuró una vértebra y estuvo seis meses en cama. Cuando regresó conoció a Sebastian (nombre falso) diez años mayor que ella, que trabajaba en la finca. El me pareció un salvador, estaba muy sola y débil de la herida en la espalda, del trabajo duro y de las condiciones de vida. La primera vez que Sebastián descubrió ratones en mi cuarto me llevó a vivir a su casa.

La gente me contaba que ninguna mujer le duró más de un mes y yo me sentía una reina. Cuando me comentaban que gracias a mi el cambió no entendía de que me hablaban. Una noche me ofreció casamiento y a la mañana siguiente se olvidó de la propuesta. Comprendí que Sebastian no es responsable de las cosas que dice borracho pero no le di importancia.
Cuando quedó embarazada aún no era legal en Holanda, "tenía claro que no iba a abortar, regresé a Israel para pensar y Sebastian me llamaba todos los días prometiéndome el mundo entero, solo que vuelva.

Cuando regresé solicite el permiso de residencia, estando con él, pero allí comenzaron los roces. Sebastian seguía bebiendo y  yo dejé de hacerlo por el embarazo. Una vez que me enojé con el por regresar a casa borracho me tiró la valija por la ventana. En vez de verlo como una luz de advertencia me culpe a mi misma, pensando que la que no estaba bien era yo".
Al principio del embarazo le aclare las reglas: El bebe tendría el “brit mila” (circuncisión) y le hablaría en hebreo, festejando en casa las fiestas judías. Después del parto el hermano mayor de Sebastian entró a nuestra vida y se opuso al “brit” y que el nene debe hablar holandés. En ese caso gane, el bebe tuvo el brit pero en el segundo embarazo la situación empeoró. Salía a emborracharse con amigos, y me quedaba en casa con el bebe , la panza y dolores de espalda. Una noche, que llego apestando a alcohol, me pare y no le deje ingresar al cuarto del bebe. Tenía miedo. El me grito y me empujo. A la mañana, sobrio, se fue a trabajar e incluso me dio un beso".


¿Por qué me quedé con él? es la pregunta del millón. Todos sus ataques generaban en mi sensación de culpa, pensaba que si me portaba mejor todo estaría bien. Cuando no tomaba era amables, borracho se convertía en otra persona. Me cortaba los cables del auto para que no pudiera salir de casa, me sacaba la tarjeta de crédito y me burlaba frente a sus amigos por mi holandés.

La familia vino de visita a Israel, Dorit sacó pasaportes israelíes a los chicos, y dos días después de someterse a una operación que requería reposo prolongado Sebastian regresó a Holanda. No quería perderse la temporada de fiestas de alcohol. Seis meses ignoró a su mujer y a sus hijos. Ni siquiera cuando el hijo menor fue trasladado al hospital en ambulancia. Sólo después de terminar la temporada de fiestas se acordó de su existencia y pidió que volvieran. Esta vez gracias a un tratamiento psicológico, y el apoyo de la familia estaba más fortalecida. El regreso lo tome como el último intento, y que si volvía a levantarme la mano me iría. Y prometió vivir felices.
En el mes de diciembre último sacó Dorit a los hijos del Jardín del kibutz y regresó a Holanda.

 “La casa estaba pintada de negro y gris, los juguetes de los chicos escondidos y mis cosas personales las tiró. Después de un mes idílico volvió a tomar. En una de las peleas llamé a la policía y me escapé a la casa de una amiga. Después me llevaron a un centro de mujeres golpeadas. Mis padres me mandaron dinero para que alquile y Sebastian no me encuentre. Pero Sebastian me encontró y empezó a espiarme por la ventana”.
“Cada vez que los nenes lo veían por la ventana comenzaban a llorar. Seguí escondiéndome, estaba sin tarjeta de crédito y sin permiso de residencia. Cuando fui al carnicero del mercado me dijo que tenía prohibido por mi marido venderme a crédito.
Cada día estaba más acorralada, cuando la abogada me dijo que era mi derecho escapar así lo hice”.
Alquilo una casa en el kibutz, donde trabaja como cocinera, y los hijos comenzaron el jardín de infantes y paralelamente presentó una demanda por la tenencia. Sebastian a su vez la denuncio por secuestro según la Convención de La Haya. “Si los Tribunales decretan que debo volver a Holanda debe entender que estaremos los tres en peligro"

Nota  traducida  por Gabriela Szuster





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