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21 abr 2013
El precio de elegir el propio camino
Esta es la historia de jóvenes religiosos,. de familias ultraortodoxas que decidieron dejar de serlo. Cuentan el proceso doloroso que significó para ellos alejarse de la familia para sentir que son "ellos mismos".
Haim Bari (20) cuenta que su familia hizo duelo por él, cuando el sólo quería ser fiel a si mismo.
Rahman tenía 17 años cuando se fue de la casa, era el noveno de una familia de once hermanos. la educación era por demás estricta por parte del padre, la madre murió y una segunda esposa llegó a la casa. "No podía más, después de la quinta "ieshiva" ( casa de estudios de la Tora) que estudié, y de una estancia de rehabilitación donde no me daban de comer ni de tomar, y luego de todas las preguntas internas que me incendiaban por dentro con respecto a mi vida le dije a mi padre: Quiero enrolarme en el ejército. El me contestó que no podía quedarme más allí, y me echó. Esos fueron los días más difíciles de mi vida, viajé a Jerusalem con una remera corta y pantalones y le pregunté a un homeless en la calle donde podía dormir. Me mandó a unas casas abandonadas y allí dormí. Lo que me mantuvo fuerte era mi deseo de ir al ejército. Lloré mucho, sabía que hacían duelo por mí. Duelo por una persona que está viva, por un muchacho joven!
Iosi Alex (22) era el tercer hijo en una familia ortodoxa de Lituania de seis hermanos. Su vestimenta era blanca y negra exclusivamente , con horarios de rezo estrictos, estudios en la ieshiva. "Soy rebelde, siempre me costó que me dijeran qué hacer y cómo pensar. Empecé a hacer preguntas , sentía que vivía en una mentira conmigo mismo, que no soy yo, que no es mi camino en la vida. Y todo el tiempo me ordenaban, y mi padre no podía aceptar que me alejara". "A los 20 no aguanté más, era en el mes de diciembre, en Jerusalem, tenía cincuenta shequels en el bolsillo, vestía una camisa finita y hacía un frío terrible. Nunca olvidaré la fecha : 24 de diciembre del 2010, allí empezó la gran travesía de mi vida. Me dije si no me quieren en mi casa como soy voy a hacer mi propio camino. Me fui a Tiberia, deambulé por la calle, dormí en la playa, en escaleras de edificios, en bancos de plaza, en el cementerio. No me quebré, aún cuando estaba congelado y solo. Mi mamá intentó regresarme a casa pero no acepté. Me sentía traicionado, que en un lugar asi no quería estar".
"Era todo nuevo para mi, no sabía como vestirme, como hablar, todo era diferente. De pronto comprendí cuanta información básica me faltaba, no conocía ninguna serie de televisión, ningún libro, ni siquiera la historia de Caperucita roja."
Todas las historias son más o menos parecidas.
En algunos casos cuando contactaron a los padres para entrevistarlos para esta nota, en un caso no quisieron contestar, el resto lamenta la situación y esperan que sus hijos algún día recapaciten y vuelvan, especialmente las madres. También están los hermanos que en algunos casos mantienen el vínculo.
Son situaciones muy dolorosas, con dos mundos enfrentados, tristemente irreconciliables.
Gabriela Szuster
Datos extraídos de la nota publicada en Israel Hayom – de Eran Navon

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